Me preguntas que ha sido de mi, como estoy, y que si sigo enojada. Se que todas esas respuestas las sabes. Pero el código de cortesía te obliga a preguntarlo.
Si sigo enojada, no lo sé. Tal vez no esté tan enojada como primeros meses después de tu partida, o después de ese día que no fuiste capaz de decirme a la cara que te ibas con alguien más. Como del día que me juraste que yo era el amor de tu vida, y me dejaste en esa cama, en la que me ayudaste a recostarme después de mi cirugía de rodilla, de esa cama de la que no me podía levantar para ir a buscarte y rogar que te quedaras.
Te maldije mil veces, y mil veces te llame puta. Te culpe de mis desgracias. Te culpe de todo, de no haber obtenido el puesto fuera de la ciudad que tanto deseaba para que te fueras conmigo, de haber llorado, de haber engordado, de no haber progresado el tiempo que estuve a tu lado. De todo.
Pero, creo saber el momento justo que empecé a perdonarnos el haberte marchado. Aquel momento en que no pude más, el momento en que sentí que me ahogaba y que mi pecho ardía, el día en que mis ojos no dejaban de llorar de rabia.
Empecé a caminar, cada vez aceleraba mas mis pasos, y comencé a correr. No debía hacerlo en tan poco tiempo de la cirugía pero lo hice. Corrí.
Corrí, como no lo había hecho en años, quería caer. Quería ir lo suficientemente fuerte, que la rodilla cediera. Quería caer y hacerme daño para entonces culparte nuevamente. Corría cada vez más fuerte, las lágrimas no paraban y mi respiración no se agitaba porque la contenía lo más que podía.
No pasó, me detuve, no caí. Pare de correr porque me di cuenta que no iba a caer. Ya no me ahogaba. Había dejado de llorar. Ya no podía culparte.
Tal vez te sorprendas al saber todos mis momentos después de que te fuiste. Tal vez te sorprenda que pese a todo mantenga algunas de mis promesas. Tal vez te sorprenda que aun te piense y aun te sueñe.
Y tal vez te sorprendas cuando salgas nuevamente con el maldito cliché de que el tiempo me ayudara a olvidar, y te contradiga y te corrija cuando me vuelvas a decir que eso ya tiene un año, cuando apenas han pasado 275 días.
¿Tiempo? El tiempo jamás ha sido sabio, solo es justo con los que saben ignorarlo, y yo que llevo la cuenta exacta de los días que he pasado sin ti, lo sé mejor que nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario